Prime time

La inquisición no tardará en llegar. Todas las televisiones conectan en directo y muestran los montones de leña alrededor del poste que han colocado, justo delante de nuestro portal. Compruebo que siga en su lugar la permanente que, entre miradas de envidia, me hicieron esta mañana en la peluquería; que las niñas luzcan casi perfectas en sus vestiditos de domingo y que nadie haya emborronado la marca roja que pintaron en la puerta. Solo me falta convencer a Manolo de que se levante del sofá, se ponga su mejor traje y deje ya de llorar; que estas cosas solo pasan una vez en la vida.

Inquietud profesional

Son las doce horas, un minuto y quince segundos cuando sale del portal. Se despide con la mano de la rubia del tercero. Enciende un cigarrillo bajo la luz de una farola. Apago el mío pisándolo en la acera húmeda y compruebo el silenciador y la recámara.
Se sube las solapas del abrigo y yo le imito mientras le sigo, cada vez más cerca, hasta el callejón que atraviesa todas las noches de los jueves.

Se detiene cuando siente el cañón en la nuca y le pregunto lo mismo que a todos:

-¿Sabes por qué?

-Ni idea – contesta tembloroso.

-Lástima; a mí tampoco me lo dicen nunca.

EL CIELO SOBRE NOSOTROS

-¿Y cuándo será el incendio? ¿Antes del terremoto?
-Después, novato; los incendios son siempre después de los terremotos.

-Y entonces es cuando bajamos nosotros.

-¡Nooo! Hay que esperar a que pase la ola gigante ¿No te sabes el Protocolo de Desastres Naturales Concatenados?

-Es que me perdí unas clases cuando me partí el ala derecha.

-¡Virgen Santísima! Cada vez os mandan menos preparados. Presta atención: terremoto, incendio, tsunami y bajamos a recolectar a toda velocidad. No suelen quedar muchos que traer. Cuando llegamos, a la mayoría se los han llevado los de debajo.

-Pero eso solo es por que ellos están mucho más cerca, ¿verdad?

Lista de espera

Todos apretujados en aquel enorme congelador comenzaron a quejarse, casi al unísono, cuando metieron a otro:

    No hay derecho, traen a cuatro por cada uno que se llevan ¿No ven que ya no cabemos?

     La rubia del atropello, la que entró el lunes pasado, dice que es por la huelga

     Sí, ya sé quién me dice. Menuda fresca, desde que llegó no se separa del ahorcado ¿Una huelga de qué? ¿De necropsias caídas?

     Mire, yo lo que quiero es que me toque cuanto antes: es la tercera vez que pierdo el pulgar con la etiqueta y, como esto dure mucho, me veo en una fosa común.

Durmientes

Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura, despertó y la miró sorprendido.

-¿No me recuerdas? Del bosque, hace unos días.

El chico negó débilmente con la cabeza: los tubos que salían de su garganta y nariz no le permitían muchos aspavientos.

-Que sí, hombre. Luego me pinché con la rueca y me dormí y tú me besaste y…

El chico abrió mucho los ojos y echó una mirada suplicante al doctor que esperaba en la puerta.

-Nada, este tampoco es- musitó la muchacha alicaída mientras salía de la habitación

-No desesperes -la animó el médico-. Solo en esta planta todavía tenemos a otros catorce en coma irreversible.

¿Y comieron perdices?

Ella sabrá lo que hace, pero su obsesión me desencanta día a día. Paso por que solo se compre zapatitos de cristal y pierda uno cada vez que sale de juerga con sus amigas. Soporto que, desde hace meses, comamos manzanas rojas para desayunar, comer y cenar. Incluso me he acostumbrado a esquivar el armatoste de rueca que ha plantado en la entradita del apartamento. Pero como vuelva a encontrarme otro sapo repugnante al abrir el armario del baño, desempolvo el gorro de plumas, desato al corcel blanco del garaje y me vuelvo a vivir al castillo de mis padres.

Mini relatos negros

Como cada mañana se puso el alma recién limpia y almidonada y salió hacia su trabajo. Esa misma tarde tenía tres ejecuciones.

…………………..

Medio dormido imaginé tus tacones, sospeché tu sombra, olí tu perfume. El disparo no pude oírlo. Preferí seguir durmiendo.

……………………

Siempre venía a mis clases por las tardes. Ayer me dijo que no volvería. Hoy la eché de menos. El entierro será mañana.

Colorimetría prenatal

– Totalmente azul, le repito que no cabe ninguna duda: la cromoecografía no falla nunca.

– Pero doctor, no puede ser. Ya tenemos su cuarto pintado de rosa palo y mis padres nos han regalado la cunita de un precioso naranja desvaído. ¡El azul no nos pega nada! ¿No hay algo que se pueda hacer? Hasta me conformaría con un verde pistacho.

– Me temo que no. Con unas transfusiones masivas de decolorante llegaríamos todo lo más a un violeta tierno.

– ¡Ay, Dios mío! A mi suegra, cuando se entere, le va a dar un ataque de rojo furia.