Apenas la voz

Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer con los cuidados de Mayte y Pablito. Yo quería dejarla en la playa donde la encontramos, que no era para tenerla en una casa, pero sus heridas y ese silencio triste lograron que cediera. Los niños dicen que hoy puede salir, que tiene mejor la voz y mueve contenta la cola. La hemos sacado fuera, al camino solitario que recorre los acantilados, y se ha puesto a cantar de alegría. Ellos están entusiasmados pero a mí me preocupa la docena de barcos pesqueros y el gigantesco crucero que se encaminan a toda velocidad hacia las rocas, justo en nuestra dirección.

Señales

 

lluviadefuegoNos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. Como esa tarde en que llegué bajo un chaparrón de pájaros muertos, mientras papá veía el fútbol, y a ella se le cortó tres veces la mayonesa. Y las mañanas que la apremiábamos para desayunar, el sol se oscurecía y las tostadas se calcinaban una y otra vez. O cuando exigíamos una camisa determinada, las telarañas cubrían la calle y la colada salía incomprensiblemente teñida de rojo. Hasta el día que encontramos la casa vacía y la nota en la nevera, y lo único que supimos hacer fue asomarnos a contemplar la lluvia de fuego que lentamente devoraba la ciudad.

 

Merlín 2008

Diluvia. El aguacero ha espantado a la gente y barrido al sol de mayo y en la calle desierta, acorralado por el estruendo de la lluvia, sólo yo puedo ver como la magia también se refleja en el asfalto empapado.