INVISIBLES

Los lunes me gusta fingir que estoy vivo. Me subo en el metro ajeno a los olores y apreturas. Espero en la cola del paro sin importarme como me ignoran los funcionarios gélidos. Después me uno a las cañas de mis antiguos compañeros de trabajo. Como nunca he sido futbolero tampoco reclaman mucho mi opinión sobre la jornada del domingo. Cuando llego a casa por la noche, ella continúa con la cena haciendo como si yo no estuviera. No me engaña. Se le da muy bien, pero tengo la certeza de que ella también está fingiendo.