Lista de espera

Todos apretujados en aquel enorme congelador comenzaron a quejarse, casi al unísono, cuando metieron a otro:

    No hay derecho, traen a cuatro por cada uno que se llevan ¿No ven que ya no cabemos?

     La rubia del atropello, la que entró el lunes pasado, dice que es por la huelga

     Sí, ya sé quién me dice. Menuda fresca, desde que llegó no se separa del ahorcado ¿Una huelga de qué? ¿De necropsias caídas?

     Mire, yo lo que quiero es que me toque cuanto antes: es la tercera vez que pierdo el pulgar con la etiqueta y, como esto dure mucho, me veo en una fosa común.

Durmientes

Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura, despertó y la miró sorprendido.

-¿No me recuerdas? Del bosque, hace unos días.

El chico negó débilmente con la cabeza: los tubos que salían de su garganta y nariz no le permitían muchos aspavientos.

-Que sí, hombre. Luego me pinché con la rueca y me dormí y tú me besaste y…

El chico abrió mucho los ojos y echó una mirada suplicante al doctor que esperaba en la puerta.

-Nada, este tampoco es- musitó la muchacha alicaída mientras salía de la habitación

-No desesperes -la animó el médico-. Solo en esta planta todavía tenemos a otros catorce en coma irreversible.

¿Y comieron perdices?

Ella sabrá lo que hace, pero su obsesión me desencanta día a día. Paso por que solo se compre zapatitos de cristal y pierda uno cada vez que sale de juerga con sus amigas. Soporto que, desde hace meses, comamos manzanas rojas para desayunar, comer y cenar. Incluso me he acostumbrado a esquivar el armatoste de rueca que ha plantado en la entradita del apartamento. Pero como vuelva a encontrarme otro sapo repugnante al abrir el armario del baño, desempolvo el gorro de plumas, desato al corcel blanco del garaje y me vuelvo a vivir al castillo de mis padres.