Señales

 

lluviadefuegoNos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. Como esa tarde en que llegué bajo un chaparrón de pájaros muertos, mientras papá veía el fútbol, y a ella se le cortó tres veces la mayonesa. Y las mañanas que la apremiábamos para desayunar, el sol se oscurecía y las tostadas se calcinaban una y otra vez. O cuando exigíamos una camisa determinada, las telarañas cubrían la calle y la colada salía incomprensiblemente teñida de rojo. Hasta el día que encontramos la casa vacía y la nota en la nevera, y lo único que supimos hacer fue asomarnos a contemplar la lluvia de fuego que lentamente devoraba la ciudad.