Descanso eterno

Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd. Después de toda una noche el ahuecado que me había hecho en la peluquería empezaba a desmoronarse y notaba como se me agrietaba la capa de maquillaje. Ya estaba harta de debatir si se podía llevar a cabo una incineración en esas condiciones, de las charlas del párroco sobre la etimología de la palabra extremaunción, de mi jefe pidiéndome el informe y de Manolo y los niños el desayuno. Cuando por fin se cerró la tapa y los sonidos se amortiguaron me acomodé en el terciopelo rojo y,  disfrutando del silencio, me puse a esperar con los ojos cerrados.